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El papel de los probióticos en la infección por COVID

Como muchas ya sabéis por redes he pasado la infección del COVID-19 estas últimas semanas. Pasé unos 4 días de mucha debilidad y dolor de espalda, algún mareo y pérdida de gusto 1 día y poco. Os quiero contar mi contexto: mujer sana, sin otra patología previa ni actual, con toma de suplementos preventivos, alimentación saludable, entreno (crossfit) recurrente y descanso «el que me deja mi hija».

He cuidado mi microbiota con todos estos hábitos durante mucho tiempo, algo que ha hecho que mi sistema inmune esté a la altura de la situación: que responda adecuadamente, ni poco ni mucho porque ambas cosas son problemáticas por igual.

Así que al margen de mi caso, os cuento qué nos dice la evidencia hasta la fecha sobre el uso de probióticos (puede ser mediante alimentos, bebidas o suplementos directamente) antes, durante o después de pasar la enfermedad.


Eje pulmones – intestino

¿Conocías su conexión? Es bidireccional y el vínculo es tanto a nivel inmunitario como microbiano. Sí, has leído bien, en nuestros pulmones existe también una microbiota como en el intestino o la piel y en función de su estado tenemos más propensión a padecer patologías respiratorias.

Dicha microbiota pulmonar consta de virus, bacterias y hongos residenciales igual que el resto de microbiotas, lógico si pensamos que es una superficie continuamente expuesta al medio ambiente. Una disbiosis de la mencionada microbiota viene dada por factores como la temperatura, el moco, la concentración de oxígeno, fármacos antiinflamatorios, antibióticos, contaminantes ambientales, tabaco o la disponibilidad de ciertos nutrientes. Como consecuencia, tenemos inflamación de las vías aéreas y mayor predisposición a que virus patógenos (por ejemplo) nos generen enfermedad.

Otro concepto que cabe explicar es la translocación bacteriana: es el paso de bacterias desde la luz intestinal hacia lugares extraintestinales como sangre, pulmones, páncreas, leche materna o ganglios linfáticos. Por tanto y para el tema que nos atañe, una disbiosis intestinal generará disbiosis pulmonar (y viceversa), mayor inflamación de dichas vías, patologías respiratorias y/o infección pulmonar.

Personas con un «terreno fértil» permiten que patógenos como el COVID-19 se desarrollen más y mejor que casos con microbiotas diversas y sanas.


Su relación con el sistema inmunitario

Las mucosas del intestino o pulmones tienen en común que están tremendamente en contacto con el medio exterior. Esto conllevaría un gran peligro para nuestro organismo de no ser porque la mayor parte del sistema inmune se encuentra en nuestro intestino, contiguo a los enterocitos (células intestinales) y nos protege constantemente.

Aquí entramos en dos tipos de riesgo infeccioso por COVID o cualquier otro patógeno:

  1. Permeabilidad intestinal: se debe a los enterocitos anormalmente separados que no filtran adecuadamente las sustancias que pasan a la sangre desde la luz intestinal y generan constante inflamación en el sistema inmune adyacente.
  2. Disbiosis intestinal: desequilibrio tanto por cantidad o composición de la microbiota intestinal.

Si ambas condiciones se dan (que suelen ir ligadas), el terreno es fértil como os decía anteriormente y es muy fácil enfermar.

Imagen extraída de este artículo. Explica cómo el COVID-19 se adhiere mediante unos receptores llamados ACE2 tanto en intestino como en pulmones y cómo es esta dicha diana para los probióticos, además de la mejora de la inmunidad en las mucosas (incrementando IgA, IL antiinflamatorias, etc.).

Inmunobióticos

Son aquellos microorganismos que mejoran la respuesta inmune innata, como por ejemplo la inflamación. Es de especial relevancia porque a este grupo pertenecerían bacterias del grupo Bifidobacterias o Lactobacillus y nos ayudarían a controlar las tormentas de citoquinas generadas por el virus y que generan las complicaciones hospitalarias que hemos visto en los medios de comunicación.


¿Cómo podemos mejorar nuestra microbiota?

La microbiota respiratoria:

  • Respirando por la nariz día y noche: la boca es para comer y la nariz para respirar, así tendremos una correcta oxigenación celular.
  • Evitando a toda costa el tabaco y su humo.
  • Evitando lugares con alta contaminación ambiental.
  • Ir frecuentemente a la naturaleza.

La microbiota intestinal:

  • Consumiendo comida real, sin adulterar y con las mínimas etiquetas posibles.
  • Eligiendo productos locales y ecológicos la mayor parte del tiempo, para evitar el uso y consumo de pesticidas.
  • Realizar una dieta rica en fibra (prebiótico).
  • Tener hábitos de vida saludables como realizar deporte, evitar el sedentarismo y descansar 8h diarias.
  • Mantener controlado el estrés y saber llevar nuestras emociones (mayor inteligencia emocional) para poder controlar los picos de cortisol o adrenalina.
  • Utilizar alimentos y bebidas probióticas para mejorar directamente la microbiota y que repercuta en la microbiota respiratoria, como por ejemplo el té kombucha (yo lo bebí de forma diaria antes, durante y después del COVID) o los encurtidos.

Espero que te sea de ayuda, me cuentes en comentarios cuál ha sido tu experiencia y si los utilizaste en algún momento con este enfoque.

Bibliografía:

  • https://www.nutribiotica.es/microbiota-y-disbiosis/microbiota-pulmonar/
  • https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/09637486.2020.1807475
  • https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/32430279/
  • https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/33519087/
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